“Donde yo voy, vosotros no podéis ir”. Simón Pedro le dijo: “Señor, ¿a dónde vas?”. Jesús le respondió: A donde yo voy no me puedes seguir ahora; me acompañarás más tarde”. Pedro replicó: “¿Por qué no puedo acompañarte ahora? Yo daré mi vida por ti”. Jesús le contestó: “¿Qué darás tu vida por mí? Te lo aseguro: no cantará el gallo, antes de que hayas negado tres veces, que me conoces.” (Jn. 13, 36-38)

 

Martes Santo

 

Jesús de Nazaret: hoy te vemos sentado a la mesa, en  la sala alta del  cenáculo, hablando a tus amigos y profundamente conmovido; como nunca, quebrantado. No sabes a quién mirar: pegado a tu costado, Pedro, el desconcertante amigo, capaz de dar su vida por Ti y, en un si es no es,  renegar de serle conocido. 

A un brazo de distancia, Judas de Kérioth. Cenabais en silencio enhebrando salmos de David. Y, no pudiendo más, con grave serenidad y contundencia, lanzaste, como un reto, el aviso más cruel:

.- “Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar”.

Se quedaron de piedra tus discípulos: ¿Entregarte…? ¿Y a quién? ¿Quién y por qué querría traicionarte? Pedro y Juan se miraron:

.- “Señor, ¿quién es?”

.- “Aquel a quien yo le dé este trozo de pan”.

Y se lo diste  a Judas como quien tiende el último puente de amistad. Pero él lo rechazó y, “detrás del pan, el Maligno se apoderó de su alma.” Le viste salir, era de noche, masticando la traición con el pan ácimo.

.- “Lo que tengas que hacer, hazlo enseguida”. 

Ahí, Jesús, entendiste, por fin, cuánta ruindad cabe en el corazón del hombre. Y cuando pensabas que ya no podíamos caer más bajo, que el caso de Judas era una maldita excepción, tu más leal amigo, el  entrañable, el vehemente Pedro, te obliga a desnudar su frágil amistad. Te asegura que él no te abandonará, más aún:

.- “Daré mi vida por ti”, te dirá reprochándote tu desconfianza.

Una vez más, en aquella noche grandiosa y terrible, tuviste que descubrirnos cuánta debilidad, cuánta inconsecuencia crece en nuestro corazón:

.- “¿Conque darás tu vida por mí? Te lo aseguro: no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces.”

Así  sucedería cuatro horas después.

           

Noche torva y formidable aquella noche, Jesús de Nazaret. Si en esas horas no te desengañaste  del hombre definitivamente, es porque tu amor está por encima de lo sobrehumano.

Gracias, por tu inefable amor y tu misericordia, Jesús del Martes Santo.

 

P.Gago. De su programa "Alboradas"