Morir para vivir más y mejor

 

El sentido de la vida depende del sentido que demos a la muerte.

La muerte no es un fin-término, sino un fin-meta-alcanzada, un peregrinar rumbo al Gran útero paternal y maternal que, al final, nos acogerá definitivamente.

La muerte es una verdadera Navidad, el momento en que se logra nacer definitivamente. Como aún no estamos terminados, aunque estemos enteros, vamos naciendo cada día, poco a poco, hasta acabar de nacer.

Padre GagoY eso es lo que ocurre en la muerte, que no es la consumación de la vida, sino su cuna. ¿Quién puede entristecerse con el nacimiento de la vida? Es Navidad y Pascua, magnificación de la vida mortal que, a partir de la muerte, se hace eterna. Por lo tanto, hay buenos motivos para festejar y celebrar.

La vida no fue creada para terminar en la muerte, sino para transformarse, a través de la muerte, hasta fundirse con la realidad Suprema. Así podemos decir: no vivimos para morir. Morimos para vivir.

En la vida y en la muerte somos del Señor.


Fray José Luis Gago, O.P.