GRACIAS porque al final del día, podemos agradecerte, Señor, la voluntad, facultad que se lanza hacia el bien conocido por el entendimiento y que satisface plenamente todas nuestras tendencias, que tiende a la felicidad, capacidad de amar y ser amados, potencia de hacer el bien de que nos has dotado. Haces que el entendimiento y la voluntad se entrecrucen y actúen en conjunción, actividades distintas de un mismo y único ser inteligente que piensa y quiere merced a ellas. Voluntad dotada de una característica, la más propia y señalada, la libertad. Ese mundo interior, humano, tan abstracto, se hace impulso, pasión, emociones, apetitos, sentimientos. Y desde ahí nos movemos.

Por más que, desde debajo de nosotros mismos, se yerga un rayo de maldad, Tú has hecho aún más fuerte el instinto del bien, más sólido y arraigado el deseo del querer amigable y fraternal. Al tiempo que te glorificamos y agradecemos esta dignidad de participar de tu bondad, nos hincamos ante Ti y te decimos: ábrenos los ojos para penetrar en el corazón de los demás, descubrir sus soledades y acompasar así nuestro paso con el suyo, agarrarles los brazos y compartir con ellos la hogaza y el botillo de vino que alegra el caminar. Que si no compartimos lo que es tan suyo como nuestro, ¿dónde queda el mandato de cumplir tu voluntad, dónde la urgencia de hacer el bien, de imitar tu bondad y tu benevolencia? ¿Cómo podríamos decirte esta palabra de gratitud que ahora te pronunciamos, si no nos vaciamos en ayudar al prójimo, al hermano? Gracias te damos, Señor Dios omnipotente, el único que eres desde siempre y por siempre. Amén.

   (De su libro “Gracias, la última palabra”)

 

Con la voz del P. Gago :

(Por cortesía de COPE)