GRACIAS porque al fin del día podemos agradecerte, Señor, el tiempo que, sólo para nosotros, has trenzado. Tú eres…- ayer, hoy y siempre -, inmutable, perenne, siempre en acto. Tú no tienes principio ni fin; nosotros sí: Empezó nuestra vida, la diste un impulso y echamos a andar con el vigor de lo recién salido de tu mano de Padre creador. Y entre el primer arranque de nuestro caminar y el fin de la carrera, un plazo de duración preciso, señalado, desigual. He aquí un misterio que es preciso asumir: el tiempo es corto, por más que pretendiéramos alargarlo una hora.

Sin embargo, es suficiente y sobrado para nacer, crecer, vivir, morir y poder derrochar bondades, frutos y bendiciones entre los que cruzamos cada mañana el mismo puente. Perdónanos, oh Dios, por el derroche y despilfarro con que tratamos el tiempo que de balde nos das. Al darte hoy gracias cumplidas por el tiempo que nos has asignado, lo hacemos porque eres bueno y paciente con nosotros, nos amplías los plazos cada día, por ver si, al fin, nos percatamos de que te estás haciendo trampas con nuestro calendario: démosle un día más, démosle dos, una semana, un año finalmente para que, mirándote en tu hondón, te decidas por fin a volver al camino del bien.

Tejemos nuestra historia con retazos de tiempo que intentamos cambiar como si fueran cromos, creemos tenerlos todos y además repetidos, nos parecen sobrados, no vemos el final y juzgamos que son interminables las cuotas. ¡También esto lo reparas! Nos brindas la ocasión de suplir el derroche con actos de intensa calidad, de recio rango.

Gracias, Señor de los relojes, por este día y por el que pronto, otra vez, amanecerá para tu gloria y para mi conversión. Amén.

 

(De su libro “Gracias, la última palabra”)

 

Con la voz del P. Gago :

(Por cortesía de COPE)