GRACIAS porque al fin del día podemos agradecerte, Señor y Padre nuestro, el ejemplo de los buenos, la honradez de la inmensa mayoría, la amabilidad de la buena gente, el servicio gratuito a los más pobres, la laboriosidad, el trabajo bien hecho, la piedad y el respeto a los mayores, la solidaridad con los de cerca y con los de lejos, la compasión efectiva con el necesitado y el millón de buenos sentimientos que Tú has sembrado en el corazón humano y que brotan espontáneamente con ocasión o sin ella. Te damos gracias, Señor, Dios nuestro, por los amigos leales y desinteresados, por los que cuidan con amor y humildad a los enfermos, por los que les visitan y les besan las manos, por tantos voluntarios que, de mil y una maneras, dedican su tiempo y sus habilidades y arriman el hombro allá donde haga falta.

Te alabamos y te bendecimos, con muy especial acento, por los misioneros que viven y trabajan entre los olvidados…, no sólo en los veranos; ellos van y se entregan de por vida, con generosidad y empeño irretractables, hasta hacerse uno más, servidores de todos, entre los que no cuentan; y lo hacen por el amor que Tú, Padre Dios, les has metido a fuego en el corazón. Mujeres y hombres, anteriores en siglos a todas las ONGs que, además de impulsar el desarrollo y la promoción humana de los desfavorecidos, les hablan de Ti, de Cristo Jesús, Palabra y salvación. Te alabamos también por los maestros, por los que educan y enseñan a los niños a mirar hacia el cielo, gracias por los que escriben libros de pensamiento y de sabiduría, libros de versos, de historia y de aventuras; gracias por los museos y por las bibliotecas, por los teatros de ópera, por las bandas de música, por Internet, por las 3 uves doble, y por cuantos, de escrito o de palabra te quieren servir “in veritate, cáritas: en la verdad, sí, pero también en el amor.” Amén.

 

(De su libro “Gracias, la última palabra”)

 

Con la voz del P. Gago :

(Por cortesía de COPE)