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Para el hombre amargado todo es malo,
todo es falso, dañino, insoportable.
Nunca está satisfecho.

Le molesta y le irrita
cualquier contrariedad.
Vive así: sin aliento ni alegría,
en constante tortura y pesadumbre.

Sí, es verdad que hay tristezas en la vida.
Mitiguemos su efecto con serena paciencia.

En el rostro, siempre un gesto propicio.
En el hablar, la palabra amansada.
Y en la mente, el pensamiento recto.

 

Con la voz del P. Gago:

(Por cortesía de Mari Cruz Castuera)