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Una multitud inmensa,
en maratón de bondad,
llegó triunfante a la meta
tras cubrir, con fatiga y esperanza,
el largo recorrido de la vida.

Sabían que al final estaba Dios.
Y salvaron ágilmente las barreras del mal,
de las dudas, o del abatimiento.

Viven por siempre,
en la apoteosis de la Gloria,
porque lucharon y sufrieron
con el gozo de los hijos de Dios.

Ellos son, todos los Santos.

 

Con la voz del P. Gago:

(Por cortesía de Mari Cruz Castuera)