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El primer grito del hombre es el llanto
y el dolor, su pertinaz compañero.
Algunas de estas lágrimas destilan
del tronco de la vida misma.

No añadamos con nuestra tosca maldad,
heridas, golpes, o zarpazos
al pecho o al rostro de los hombres.
Bastantes sufrimientos soportamos
sin que nadie los cause.

Sea la bondad
la mano extendida a los hombres.

 

Con la voz del P. Gago:

(Por cortesía de Mari Cruz Castuera)