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También las gaviotas se ven obligadas
a posarse sobre el lodo y el detritus.
Al final siempre levantan el vuelo
y brilla su blancura en el espacio.

Tiene el alma sus alas poderosas
para sobrevolar el caos y el hedor.
Puede el hombre pisar la tierra pantanosa sin infectarse.

Podemos caminar, iluminados,
entre la oscuridad y las tinieblas.
Basta con no apagar la luz interior
de la fe y de la conciencia.

 

Con la voz del P. Gago:

(Por cortesía de Mari Cruz Castuera)