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Es ley de Dios que tú y yo nos amemos.
Es fuerza que me ayudes y yo te ayude.

Nadie es tan indigente
que no tenga algo que dar.
Nadie tan rico
que no sienta necesidad
que otros puedan colmar.

Yo no puedo andar
sin el cayado de tu brazo.
Y tú, sin el de otros o el mío.
Nadie lo tiene todo y el otro nada.

Por eso hemos de dar lo que tenemos
y si no, pedirlo humildemente.

 

Con la voz del P. Gago:

(Por cortesía de Mari Cruz Castuera)