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Muchos nos proclamamos hombres de bien,
porque no hay sangre ni violencia,
tortura o extorsión en nuestras manos.

Ser hombre de bien es, sin embargo,
mucho más que no herir o difamar.

El bien es permanentemente activo,
generoso, abierto, universal.

En las grandes acciones,
en los pequeños gestos,
en el talante habitual,
en el trato sencillo,
en palabras y acciones.

Siempre y con todos,
hombres de bien.

 

Con la voz del P. Gago:

(Por cortesía de Mari Cruz Castuera)