Jueves Santo

 

En las cántaras humildes

reposa el agua callada

con que Jesús va a lavar

los pies de sus seguidores.

Dios humillado

ante el sudor de los hombres.

¿Dónde cabe, después de esto,

la soberbia y el orgullo,

la crueldad y la aspereza?

Si el Señor se arrodilló

al pie de sus criaturas,

¿tiene aún algún sentido

el fatuo enaltecimiento?

 

 

 

Viernes Santo

 

Huyeron los discípulos,

dejando a Jesús abandonado

a las turbas mercenarias.

Lo prendieron

y acabó en el patíbulo crucificado.

Con igual fragilidad,

ante cualquier ocasión,

apostatamos

de la amistad que un día

prometimos a Dios.

El temor, los complejos,

la inseguridad nos llevan

con frecuencia

a dejar a Dios tirado

en el camino sinuoso

de nuestra vida

 

 

 

Pascua de Resurreción

 

Buscad las cosas de arriba

donde Jesús se ha sentado

tras vencer muerte y condena.

¿Dónde está, oh muerte amarga,

tu aguijón desesperado?

Venció el Señor a la muerte

para que no nos domine

la ansiedad o la tristeza.

Sabemos que tras los días

de nuestra pequeña historia,

nos espera gloria y dicha

de triunfal resurrección.

¡ALELUYA, VIADORES: EL SEÑOR RESUCITÓ!

 

 

 

Lunes de Pascua

 

Lunes de Pascua gloriosa

Lunes de Pascua florida.

Jesús ha resucitado

vive, da vida.

Rompió el sepulcro con su fuerza divina.

Ha nacido vigorosa la esperanza.

La muerte ha sido vencida:

es ya sólo un paso oscuro

en medio de la luz ilimitada.

Si Él resucitó

todos resurgiremos

revestidos de inmortalidad.

 

 

 

Martes de Pascua

 

No tengáis miedo:

Jesús, el que buscáis

y a quien crucificaron,

no yace en la piedra ensombrecida.

Irá por delante de vosotros

si sabéis dar con Él en el camino.

Él nos ha perdonado

los temores cobardes y la desconfianza,

la huída hacia delante

y la inconsciente apostasía.

Va por nuestro camino

y hemos de alcanzarle

para acoplar nuestros pasos a los suyos.

 

 

 

Miércoles de Pascua

 

Jesús se apareció a Magdalena,

y a dos discípulos camino de Emaús

y a los once, sentados a la mesa.

Les reprendió su incredulidad

y acarició su dolorido corazón.

El amor que les tuvo cuando vivía

culmina en divina caridad. Y les anima,

les llena de su Espíritu,

les manda predicar la Buena Nueva

para que nadie ignore su destino.

El Cielo está abierto

para todos los hombres redimidos.