Jueves Santo

 

En las cántaras humildes

reposa el agua callada

con que Jesús va a lavar

los pies de sus seguidores.

Dios humillado

ante el sudor de los hombres.

¿Dónde cabe, después de esto,

la soberbia y el orgullo,

la crueldad y la aspereza?

Si el Señor se arrodilló

al pie de sus criaturas,

¿tiene aún algún sentido

el fatuo enaltecimiento?