Miércoles de Pascua

 

Jesús se apareció a Magdalena,

y a dos discípulos camino de Emaús

y a los once, sentados a la mesa.

Les reprendió su incredulidad

y acarició su dolorido corazón.

El amor que les tuvo cuando vivía

culmina en divina caridad. Y les anima,

les llena de su Espíritu,

les manda predicar la Buena Nueva

para que nadie ignore su destino.

El Cielo está abierto

para todos los hombres redimidos.