Jueves de Pascua

 

Que no está aquí; que el sepulcro

no es el destino de nadie;

es el seno momentáneo donde se fragua la espera

y la esperanza segura de feliz resurrección.

La condición inmortal del alma ya redimida

reafirma la certeza del triunfo sobre la muerte.

El sepulcro es tierra o piedra;

no es la casa duradera. ¡Aleluya, viadores:

el Señor resucitó!

 

 

 

Viernes de Pascua

 

No le busquéis en la tiniebla,

no le busquéis en la desesperación

de una vida truncada.

Buscadle donde haya hombres doloridos,

hombres crucificados.

Él tiene las llaves

de la fecundidad del dolor,

de la fuerza redentora del sufrir.

“Si el grano de trigo no muere,

queda estéril y sin fruto”.

Hombre doliente:

a espaldas de la Cruz está la resurrección.

 

 

 

Sábado de Pascua

 

Por el falso portillo del pecado

entró la muerte en el mundo.

Por la resurrección de Jesucristo

volvió la gloria, la luz y la esperanza

a cuantos creen en Él y en Él confían.

No hay sombra infranqueable ni espesura que frene

el paso adelantado del que sabe

que la muerte ha sido derrotada

y que también su carne iluminada

se alzará del sepulcro para siempre.

Aleluya: Jesús resucitó

y tú te vestirás de infinitud y de inmortalidad.

 

 

 

Domingo de Pascua

 

Ya podemos creer sin ansiedades.

Jesús resucitó. Con el milagro

rubrica la verdad del Evangelio,

la certeza del mensaje

que ilumina y da sentido

a esta vida insegura y balbuciente.

Lo atestiguan

quienes con Él, resucitado,

comieron y palparon

sus cicatrices vivas de crucifixión.

Creo en la resurrección de los muertos.

Creo en mi propia y anhelada resurrección”.