Es muy común, es más bien abusivo
el modo hermético, egoísta con que muchos
viven su vida a espaldas del vecino.
Gira todo en su torno; cuanto mueven
lleva la dirección de su provecho.
Y aunque sea preciso hundir al otro,
causarle un grave daño, una injusticia,
no importa. Se calcula fríamente
sin dejar que se asome el corazón.

Vivir cerrado... ¡Absurdo e imposible!
pero ¡qué vemos y palpamos tristemente!
Absurdo e imposible, pues la vida
es puro movimiento proyectado,
expansión, estallido, erupción alta.
No vive quien más tiempo vegeta
sino quien proyecta y se dilata
sobre los otros hombres con más fuerza.

Por eso es necesario andar buscando
donde clavar la tienda acogedora
donde encender el fuego confortable
donde partir el pan reciente y tierno,
donde decir palabras y palabras
de amor, de comprensión y de alegría.
Es fácil dar con el desalojado,
con el hombre aterido o el hambriento,
con el desesperado o el escéptico.
En ellos debes tú volcar la vida,
en ellos engendrar la luz que anima,
en ellos levantar una atalaya
por donde divisar la lejanía.

Vivir cerrado, no. Cabalga alegre
sobre la oscuridad y la tristeza
del pobre, del enfermo. ¿Cuánto tiempo
dedicas a tu hermano, por el amor de Dios?.

 

Fray José Luis Gago, O.P.
(de su programa "Palabras para Urgir a Medianoche")