Ya cerraste con llave el equipaje de hoy.
De él no puedes sacar ni meter nada.
De la mano te arrancan la valija;
te la abren y la vuelcan... ¿dónde?

Porque a un lado hay un silo gigantesco
donde dejan lo bueno, bello y limpio
que el hombre ha ido acumulando en su jornada.
El extremo contrario se divisa
una sucia escombrera pestilente,
donde vuelcan lo inútil, la basura.

Y es Dios quien selecciona y quien decide
lo que de tu maleta ha de salir al silo
o a la basurera. Tú ya sabes
que Dios valora al hombre y a sus obras
con la sola medida de la gracia.
Quien vive en amistad imperdurable
con el Dios que es su Vida y su Fortuna
va ganando a medida que trabaja.
Cualquier cosa que se haga; simplemente
el vivir, si se está en gracia,
fecunda y cualifica una existencia.

Mas si el pecado arraiga y atenaza
el alma del mortal, todo es baldío.
Por mucho que madrugues y te lances
febrilmente al trabajo, y en él rindas;
aunque pases doce horas y dupliques
la columna de ingresos; aunque todos
ponderen tu eficacia y tu valía...
si no tienes el alma transparente,
nada eres, nada tienes, eres un ser vacío,
un sin sentido, estéril... ¡Con lo fácil
que es volver millonario de lo eterno
al pie de un sacerdote...! Sin embargo
hay muchos que se obstinan en su estado
de lejanía de Dios. Y así, ya sabes:
nada vale tu vida. Todo es nulo.

Sólo la gracia es medida de riqueza.

 

Fray José Luis Gago, O.P.
(de su programa "Palabras para Urgir a Medianoche")