En el sur de tu rostro se dibuja la boca.
Dios la abrió con un trazo vigoroso y afable
dando al hombre un camino para el beso y el verbo.

Dibujar con la voz la verdad intangible,
ser la mano flotante que entrelaza al amigo,

y sellar con el beso el amor bien filtrado
son labores de siempre.

En la mente del hombre se engendra el concepto
como en vientre fecundo.
La boca paridora siembra el aire de voces
repoblando la vida de razón y de genio.
Para esto, en concreto, se te da la palabra:

para ser la envoltura de la entera verdad.

Y por eso triciona su función quien engaña,
quien tuerce o quien cambia el color de su idea.

La verdad que elabora nuestra inteligencia
debe darse a la luz, tal cual es. En contrario

se vomita un monstruoso y enclenque organismo

de mentira y falacia.

La verdad nace sana, y robusta pervive.
La mentira se asfixia en su propio veneno.
Es urgente ir limpiando los estratos sociales
de la mendaz neblina que todo lo empaña.
Es difícil topar con el hombre que cuelga
de su boca redonda el limpio pensamiento,
sin disfraz, sin retoque egoísta o dudoso.
La palabra es espada o canción;
puede herir o salvar, levantar o abatir.
Es cuestión del acento que elijas.

Ruego, pues, que sometas a arbitrio
la metal mercancía que vas produciendo
en el comercio abierto con todos los hombres.
La mentira es guarida de gente medrosa.
Quien ajusta su vida a la recta razón
y a la norma divina grabada en conciencia,
no ha menester alguno de clavos ardiendo
a que asirse en momento difícil.

Sé veraz. Por mentir, que no se abra tu boca.

 

Fray José Luis Gago, O.P.
(de su programa "Palabras para Urgir a Medianoche")