Se despeña inconteniblemente el día.
Vamos hoy a entonar un breve salmo
dedicado al Señor que apenas sabe
cómo suena tu voz en alabanza.

“Gracias te doy Señor porque eres bueno.
Y porque una vez más el sol me ha hallado
con el pie en el asfalto o en el camino.

Gracias te doy Señor porque eres bueno.
Porque diste a mi mano fuerza y gracia
para el duro trabajo o la caricia.
Porque pusiste pan en nuestra mesa
y un abrigo en mis hombros para el frío.

Gracias te doy Señor porque eres bueno.
Encendiste a la muerte el disco rojo
en su avance implacable y despiadado.
Porque llenaste de luz toda mi casa,
con la risa y el ruido de los niños.
Porque el viejo fusil se está oxidando
y los hombres pueden dormir en casa.

Gracias te doy Señor porque eres bueno.
Porque en casa se reza y se bendice
y los niños aprenden catecismo.
Porque hay unas perras en el banco
y trabajo de ocho horas cada día.
Porque hay misa a diario y hay quien reza
por los que te olvidamos aturdidos.

Te doy gracias Señor porque eres bueno.
Porque todo es motivo de alabanza.
Porque Tú estás presente en cuanto existe.
Porque Tú eres tan bueno que ahora mismo
escuchas y agradeces mi palabra
como si resolviera tus problemas”.

 

Fray José Luis Gago, O.P.
(de su programa "Palabras para Urgir a Medianoche")