Santo Domingo de Guzmán, nace en Caleruega, Burgos, España, el año 1170. Funda su Orden en el sur de Francia, confirmada por el Papa Honorio III el 22 de diciembre de 1216. Establecida firmemente su institución religiosa, emprende viaje de Italia a España a mediados de diciembre de 1218. Una de las ciudades privilegiadas de su visita fue Segovia. Lo revela el hecho de haber erigido en ella el primer convento de frailes predicadores de España. Sencillo en sus comienzos, y ya bajo el nombre y advocación de Santa Cruz, llegará a ser de de gran importancia en la Orden.

La permanencia de santo Domingo en Segovia se prolonga hasta febrero del año 1219, entregado a la predicación del evangelio y a la oración y vigilias de penitencia por las noches. Para estas expresiones de su espiritualidad elige una gruta o cueva natural, fuera de la ciudad y próxima al río Eresma. De noche vive su encuentro con Cristo crucificado, a cuyos pies aprende a ser compasivo y misericordioso con los pecadores. Ahí comparte con Cristo el misterio de su Pasión dejando huellas de esa vivencia ascética y contemplativa. Pronto, ese escenario rupestre se convierte en lugar sagrado: la Cueva de Santo Domingo.

 

LA SANTA CUEVA

Historia

El milagro con el que confirmó su predicación amplió el halo de admiración que su vida y obra habían ya dibujado en los habitantes de Segovia. Pronto surge la veneración a Domingo en ese lugar, que evoca su presencia penitencial y de oración. El santo tiene que partir de Segovia, y la santa Cueva se convierte en lugar de recuerdo, encuentro y seguimiento suyo para muchos cristianos.

Los frailes de la primera comunidad edifican el convento al pie de la santa Cueva. En el siglo XVI, los Reyes Católico ofrecen a los frailes la edificación, en el centro de la ciudad, de otro más amplio y saludable. Pero ellos, agradeciendo a los monarcas tan generosa oferta, dicen que sólo la aceptarán si se construye en aquel mismo lugar, al pie de la santa Cueva. Los reyes acceden gustosos. Y aquí se mantiene, aunque en circunstancias diferentes, el magnífico convento de Santa Cruz, gloria de la Orden de Predicadores. Los Reyes, como gesto de respeto y devoción a la santa Cueva de santo Domingo, edifican una nueva y esbelta capilla, adosada a la primitiva.

La obra de los Reyes Católicos marca una época de esplendor en la vida de la comunidad dominicana, de la santa Cueva y del arte del noble convento de Santa Cruz. La exclaustración y la desamortización asestaron un golpe irreparable a ambas instituciones. Sin embargo, la titularidad, el cuidado y la atención a la Cueva seguirá en manos de los dominicos.

 

Acceso a la Cueva

Está enclavada en la finca del que fuera convento de Santa Cruz, propiedad ahora de la Excma. Diputación Provincial de Segovia y, en la actualidad, cedida a la Universidad SEK.

La entrada a la santa Cueva tiene su primer paso en la puerta número 12 de la calle Cardenal Zúñiga. Una calzada empedrada conduce a la escalera de granito que desciende hasta otra puerta que da acceso a un amplio jardín. Sobre el arco de este primer pórtico destaca un escudo de los Reyes Católicos.

 

BREVE HISTORIA DE LA CUEVA


En diciembre de 1218, justo a los dos años de haber sido aprobada la O. P. por Honorio III, Fray Domingo vuelve a España con el propósito de fundar conventos en su patria. Llega a Burgos, donde estaba el rey Fernando y le presenta las bulas de aprobación de la orden al tiempo que le pide licencia para fundar conventos en sus reinos. Una vez conseguido el propósito, viaja a Segovia en el mismo mes de diciembre. “En un principio- escribe Diego de Colmenares en su ”Historia de Segovia” ( 1637)- se hospeda en una casa particular, hallando, a propósito para la aspereza que profesaba, una cueva entre unos peñascos cubiertos de boscaje, entre lo profundo del río y la altura de la ciudad, y expuesto al frío del norte, renovó allí su vida penitencial.” En ese valle habitaba gran parte de la población pobre de la ciudad.

El primitivo convento parece fue fundación del rey San Fernando: aún hoy se pueden apreciar en él restos románicos. Fray Domingo Chico, el Español, compañero de santo Domingo, fue uno de los primeros moradores del convento que, desde un principio se denominó de “Santa Cruz”; el tal Fray Domingo fue el segundo prior de dicho convento. Entre las tradiciones de Segovia se cuenta que en este convento fue enterrado el gran comunero Juan Bravo.

Hacia el 1480 los Reyes Católicos levantaron la suntuosa iglesia actual y rehicieron el convento. Alcanzaron las obras a la Santa Cueva en la misma proporción que la iglesia. Los monarcas tuvieron gran empeño en que se hiciese el nuevo convento dentro de las murallas de Segovia, en el magnífico sitio de San Juan de los Caballeros, comprometiéndose a construir un pasadizo cubierto, a través de los muros de la ciudad hasta comunicar con el edificio de la Santa Cueva. La idea era plausible, el sitio más indicado y mucho más sano. Los frailes se mantuvieron firmes en su propósito de mantenerse al lado de la Cueva de Santo Domingo. Porfiaron los reyes, pero los frailes no cedieron. Los monarcas les dijeron: “No seáis bobos, que no ha de haber otros reyes que os quieran tanto.”

El estilo de la iglesia es gótico isabelino, bajo la dirección de Juan Guas, el magnate de los arquitectos de la época, con la colaboración del imaginero Sebastián Almoacid. Juan Guas trabajaba simultáneamente en la Catedral, tuvo que ver en las obras del Parral. La traza de Santa Cruz no fue más suntuosa por los escrúpulos de los dominicos. En los siglos XVI y XVII se hicieron obras de modificación y ampliación.

La Santa Cueva se construyó cuando la iglesia y es del mismo estilo gótico isabelino. Sobre el arco de entrada se encuentra una escultura del santo patriarca, con una cruz y pisando a dos raposas, que simulan la herejía, a las que sujetan dos perros que simbolizan la fidelidad y defensa de la doctrina católica. La primera Capilla –llamada de los Reyes Católicos- tiene bóveda de crucería en forma estrellada. En las ménsulas nuevos escudos de los reyes que sustenta la nervadura.

La segunda Capilla -propiamente “La Cueva Santa”- se halla cubierta por un artesonado barroco. La imagen de Santo Domingo, de Sebastián Almoacid, está en una hornacina que sería la entrada a la auténtica gruta. A esta imagen se refería santa Teresa. En el “camarín”, artificial dentro del retablo se halla otra imagen del santo, en la que aparece disciplinándose.

La Santa Cueva se comunicaba con el convento mediante una escalera reacceso que se halla tapiada en la actualidad.

Tomás de Torquemada fue prior del convento de Santa Cruz durante 22 años, sin querer otros honores.; él fue quien motivó la restauración de los edificios, más en particular la bella Capilla de la Cueva y el suntuoso templo. La comunidad de frailes estimó siempre la Santa Cueva como un tesoro divino. Se enterraba a los frailes en la Sala Capitular adjunta y todas las noches, después de Completas, en procesión, acudía la comunidad a visitar este lugar sagrado, santificado por la oración y penitencia del santo fundador.

La Guerra de la Independencia supuso para la comunidad y el convento una suma de calamidades: en 1808 se vieron obligados a admitir en sus claustros a mil soldados franceses, en noviembre tuvo lugar el saqueo, en 1809 se convierte en estancia para los prisioneros españoles que eran expatriados a Francia, expulsión de los frailes e incendio que no se permitió sofocar al vecindario. Salvo la Santa Cueva y la enfermería todo quedó arrasado. Acabada la guerra y devueltos los bienes eclesiásticos, los frailes dominicos se encontraron con tan deplorable realidad: el convento reducido a escombros. La pequeña comunidad emprendió la ardua empresa de habilitar el monasterio: comenzaron por la restauración de la Santa Cueva y siguieron por el resto del convento. En dos años lo hicieron habitable. En 1855 la Junta de Beneficencia de la ciudad lo habilita para Hospicio Provincial. 1875 fallece el último benemérito exclaustrado, hijo del convento de santa Cruz. El deterioro de la Cueva se iba haciendo sentir. Las dominicas interesan al capellán y al diocesano y devotos de la ciudad hacen una cuestación que, en 1892, ascendió a tres mil pesetas, importante cifra para aquella época; con lo que se remedió de alguna manera el mal estado material de la Santa Cueva. En 1902 el capellán dominico quedó al frente de la Santa Cueva e inició unas clases para niños en la Vicaría de las monjas.

En 1953 se propuso sustituir a las Hermanas de la Caridad, al frente del hospicio provincial por religiosas dominicas misioneras del Rosario; pero no se llevó a efecto. En 1959 el P. Provincial Aniceto Fernández insistió al presidente de la Diputación que anuló cualquier intento en ese sentido quien, incluso, inscribió el templo y el convento en el Registro de la propiedad. Los vicarios dominicos Juan Cabal, Ignacio Martínez Iruiñ realizaron obras que eran urgentes. La última batalla legal la libró la Provincia de España frente al presidente de la Diputación, con el P. Aniano Gutiérrez como paladín de la defensa de la propiedad de la Cueva para la Orden, logrando la titularidad de la Santa Cueva, al tiempo que iglesia y convento de Santa Cruz fue entregado ad usum a la Universidad SEK.

 

DEPENDENCIAS DE LA SANTA CUEVA

El Jardín

Traspasada una pequeña puerta aparece un amplio espacio ajardinado. Ocupa una planta cuadrada, entre uno de los muros del antiguo convento, que hace ángulo con la fachada de la Cueva, y de otros dos laterales: uno, un muro revestido de follaje y el otro, cercado por un banco de piedra, que hace las veces de mirador sobre el río Eresma.

En el centro del jardín se yergue una cruz de granito y, en su entorno, canteros de césped y árboles que evocan escenario y ambiente conventuales.

 

Portada del Santuario

Desde el jardín, las miradas se dirigen directamente a la hermosa portada que señala la entrada a la Santa Cueva. Un pórtico esbelto cobija la artística portada, de estilo isabelino, formada por dos arcos superpuestos. El inferior, de paso al templo, es rebajado; el superior es cornopial, en el que se muestra en relieve una simbología dominicana tradicional: el personaje central, santo Domingo, lleva la cruz. A ambos lados, los escudos de los Reyes Católicos de donde salen unas manos que apoyan también la cruz. La figura de santo Domingo pisa a dos raposas, símbolo de la herejía, aprisionadas por dos perros que, a su vez, representan la fidelidad a la fe. Una banda circular de inscripción gótica enmarca toda la composición artística.

 

Capilla de los Reyes Católicos

Es la primera dependencia del santuario. Sobre una base cuadrada se elevan esbeltos muros de piedra desnuda que rematan en la bóveda en forma de estrella. En los ángulos superiores, pequeñas bóvedas se articulan en gracioso conjunto. En las ménsulas que sostienen los nervios se intercambian los escudos reales y de la Orden dominicana. Un retablo barroco sirve de marco a un Calvario de buena traza. Una original lámpara de hierro forjado, de 2,40 m de diámetro y 200 kilos de peso reparte la luz al tiempo que ornamenta el recinto sagrado.

 

La Cueva

El nombre de “Cueva de Santo Domingo” se reserva propiamente a la capilla interior, precisamente por su relación inmediata con el espacio que santo Domingo localizó como escenario de sus noches de oración y penitencia reviviendo místicamente la Pasión de Cristo.

La Capilla es de trazo rectangular, con bóveda de medio cañón, revestida de un artesonado barroco y en consonancia con la decoración del retablo que preside la Capilla. El eje de atención se fija en la hornacina o camarín abierto en el centro del retablo y que simula una gruta en la que aparecen las imágenes de Cristo crucificado y de Domingo en actitud penitencial. No es la calidad artística de las tallas lo que puede impresionar, pero sí la plasticidad dramática y la expresividad de la escena. En lo alto del retablo, una pequeña imagen de la Virgen del Rosario acompaña a Domingo en el misterio del Calvario.

Como contraste y complementariedad, en un camarín lateral de la capilla, aparece una imagen de santo Domingo, de Sebastián de Almonacid (1460-1526). Un Domingo contemplativo, de mirada que refleja su interioridad e invita a una devoción contemplativa. Ésta es la imagen que tanto impresionó a santa Teresa de Jesús en su visita a la santa Cueva.

Ocho apliques de hierro forjado, sobre los muros, adornan, a la vez que iluminan y evocan las estaciones del Vía crucis.

 

La Sacristía

Es una pequeña dependencia que presta su servicio al culto religioso y como salita de reuniones de grupos.

 

VISITANTES ILUSTRES

A lo largo de los siglos muchos han sido los vecinos de Segovia y peregrinos de todo el mundo que han visitado y orado en la santa Cueva de Santo Domingo. A modo de ejemplo, y por su significación, se señalan a santos como Santa Teresa de Jesús y san Vicente Ferrer; monarcas como los Reyes Católicos, Felipe II, Isabel II, Juan Carlos I y Doña Sofía de Grecia.

 

INFORMACIÓN Y VISITAS

MM. Dominicas.
C/ Capuchinos Alta, 2. Segovia. Tel. 921 460 080

Patronato de Turismo.
Plaza Mayor, 6. Segovia. Tel. 921 466 070