Conocía a José Luis Gago desde hace más de treinta años.  Ya entonces su persona era un referente en la antigua “Radio Popular”. Hablar hoy de quien ya no está entre nosotros puede prestarse a la sensiblería y al halago fácil, aparentando que no hemos sido capaces de valorar y reconocer, en vida, su trabajo. Pero no. Puedo asegurar, que en el mundo del periodismo, de la comunicación –la radio, particularmente- su oficio y su persona siempre han estado muy altos.

El medio -la radio- siempre le fascinó. Y entendió desde muy joven, que este era el camino para llevar, a cuantos más mejor, el mensaje de Jesucristo y de la Iglesia. No en vano  a su vocación periodística  aunaba  la de fraile dominico. Lo suyo no era hablar para “convencidos”. Escribir cosas bonitas y profundas para la meditación. Lo característico de José Luis, era hacer llegar el mensaje cristiano de forma inteligible, precisamente a los no convencidos, sin el lenguaje farragoso o lleno de tecnicismos empleado por la Iglesia. José Luis poseía el don de la palabra y la inquietud por darle su máxima y exacta expresión. Sabía que la palabra era la herramienta clave para “enganchar” a una sociedad en proceso de cambio.

José Luis Gago fue un hombre adelantado a su tiempo en el periodismo radiofónico. Intuyó una radio generalista, abierta a todos, respetuosa con todos, presta a servir a la verdad, más participativa, y tolerante. Lo que denominó: “la radio encendida”. Alineada, sí, con los principios de la Iglesia católica, pero rehuyendo la idea de una radio “religiosa” como tal. Así, quiso poner en orden aquella “atomización” de emisoras diocesanas, uniendo a su esfuerzo la colaboración de otro periodista amigo: José Andrés Hernández y del sacerdote D. Bernardo Herráez, el hombre del dinero episcopal.

Había que imprimir a aquel “buque” velocidad de crucero. Velocidad que llegó con la denominada “radio de las estrellas”, consiguiendo la contratación de grandes comunicadores nacionales como Luis del Olmo, con sus “Protagonistas”; Encarna Sánchez, con su “Encarna de noche” o  Alejo García. Magazines matinales, tertulias políticas, informativos…

Su etapa como Director General fue una época de vértigo en la que Gago tuvo que superar divisiones internas, intereses particulares, “coser” emisoras y consolidar una estructura fuerte para crear lo que hoy es la cadena COPE: el segundo grupo de comunicación radiofónico de España. La radio que intuyó, soñó y creó.

José Luis creía en el periodismo donde las formas, el buen tono, el respeto, debían ser fundamentales. Era su estilo. En mis nutridas charlas con él, percibí su desaliento y pena con el cambio de rumbo en una cierta etapa de COPE, cuando la programación se tornó beligerante y descalificadora y ácida. –“Luis, esta no es la radio en la que yo creo”, me comentaba. Cuantos hemos trabajado con el P.Gago -como decíamos en los medios- más directamente, hemos apreciado al hombre, al compañero de micrófono, al jefe que participaba contigo en las cosas. Al hombre que era capaz de mantener siempre una sonrisa en el rostro, una palabra agradable, la calma en la voz, el ánimo en la palabra. Un maestro para todos nosotros.

José Luis Gago era, sobre todo un gran tipo, una buena persona: alegre, cordial y vitalista total. Un compañero de profesión trabajador e inteligente, un amigo leal. Y, a pesar de su nutrido “currículum”, un hombre humilde que siempre restó importancia a cualquier homenaje, premio o éxito personal.
Jubilado, y ya afectado por el mieloma múltiple, su raza de periodista no le permitió permanecer indolente y sedentario. Nada se le ponía por delante, colaborando en Radio Nacional, Onda Cero, Televisión… Sus reportajes dejan la huella  del buen gusto, su voz cadenciosa -jamás tensa-, llevaba el mensaje y la reflexión. Su enfermedad terminal agudizó aún más su mente y su virtud de escritor, de contador de cosas como periodista y comunicador.

Nos dejó a las puertas de la Nochebuena, de la Navidad: su tiempo preferido. José Luis Gago, el P. Gago, era, es, de las personas que nos han dejado huella, que nunca vamos a olvidar.

 

 Luis Jaramillo

Director de COPE - Castilla y León