VERSOS DE CAPILLA ARDIENTE

 

 

En hora diurna, cuando

los ojos de los hombres mejor ven,

tras el cristal, postrado,

por el Cristo observado, te encontré.

 

*****

 

De cera el rostro inmóvil, yermas manos,

ausente del trasiego, mas presente,

tu corazón no late, pero siente

sosiego indiferente de lo humano.

 

Yo, quedo, con el paso aletargado,

me acerco lentamente y bien dispuesto,

e incómodo, contemplo así tu resto,

de prístino solemne inmaculado.

 

Condolente oración, tristes saludos,

conforman el murmullo de la sala.

Testigos de tan pánico destino,

tañen como campanas otras lágrimas;

distraigo con recuerdos los suspiros,

y quiero entrar en ti, mas no me hablas.

 

Llega el día a su ocaso, me retiro,

y escondo aún un anhelo de tu gesto.

Semblante serio, adusto, descompuesto,

no alcanzo a ver el rostro que yo miro.

 

¡Me arranques un llorar, yo sólo espero!

Digno es el llanto de quien lo derrama.

Tan sólo ese temblor previo al sollozo

concédeme, plañir ante tu marcha.

Pues cantas con los ángeles de gozo,

y quisiera yo escuchar, mas no me hablas.

 

Autor: Pablo Gago Velasco (ante el cuerpo presente de su tío José Luis Gago)