El P. Gago ha sido alguien que ha significado siempre algo muy entrañable y especial para mí. Por ello, quiero dejar constancia de un hecho significativo y notable, que deseo divulgar.

El mismo día de su muerte, el veintidós de diciembre del año pasado (2012), en las últimas horas de su vida, aseándole, me acerqué a su oído para susurrarle unas jaculatorias. Pero interiormente, le hice una petición personal, que para algunos no significará nada, pero que para mis familiares y para mí es algo grande por muchas circunstancias.

Le pedí en mi interior: “Padre José Luis, cuando estés en el Cielo, vete a ver a Dios y dile: me ha dicho sor Pilar, que le concedas un trabajo a su sobrino, que sólo le queda un mes de margen”.

Yo todos los días le rezaba un Padre Nuestro, en la confianza plena de que me lo iba a conceder.

Así, a los pocos días de su muerte, el diecinueve de enero de 2012, a la 22:00 horas, recibí la llamada de mi hermano que me comunicaba, que a su hijo, mi sobrino por el que le había pedido, había sido llamado a trabajar en la misma fábrica en que estuvo anteriormente. Le ofrecieron un contrato de seis meses, pero prorrogable. Mi sobrino llevaba año y medio buscando trabajo por todas partes: llamando a todas las puertas posibles e imposibles en busca de trabajo y nadie le ofrecía nada.

Inmediatamente se lo comuniqué, con lágrimas en los ojos, a mis hermanas de Comunidad. Fue tanta mi alegría que “ipso facto”, elevé mi pensamiento al P. José Luis, dándole las gracias por su intercesión y por su diligente “trabajo”.

Desde estas líneas, invito a quienes las lean a que encomienden su persona y sus necesidades al P. Gago. No dudo que se lo concederá.

Y a ti, P. José Luis, te renuevo el beso que te di en el Clínico que, como ya te dije, tiene que durarte hasta que nos veamos de nuevo en el Cielo.

 

Valladolid 25 de enero de 2013.

Sor Pilar, Siervas de Jesús.

Sanatorio Sagrado Corazón de Valladolid.